Sueño de una noche de invierno

Era una tranquila tarde de invierno. Paseaba por el bosque disfrutando de sus colores, sus olores y sus sonidos, sabiendo que tardaría un tiempo en volverlos a sentir. No tenía prisa por llegar a mi destino, aunque sí muchas ganas.

De repente noté gotas sobre mi cabeza. Alcé la vista y vi que el cielo empezaba a nublarse, así que, a mi pesar, dejé atrás la calidez del bosque y anduve campo a través. La llovizna no cesó; me acariciaba y me tranquilizaba en un trance inexplicable. Mi cuerpo pesaba, estaba cansada y sin embargo más llena de entusiasmo y vida que nunca. Sin darme cuenta, unos nubarrones negros se acercaban amenazantes, pero yo seguía tranquila paseando y saboreando las últimas horas de aquel atardecer que ya se tornaba en noche.

Inesperadamente un trueno me sorprendió y me hizo mirar a mí alrededor. ¡Estaba atrapada en una tormenta que no había visto llegar! Dos truenos aún más fuertes resonaron a mi alrededor y me quedé paralizada, incapaz de moverme. Tenía miedo. De pronto la lluvia cayó con fuerza, empapando mi cabello, mi cara, mi cuerpo, hundiendo mis pies en el barro y haciéndome caer. Y justo en ese preciso instante me alcanzó un rayo. Sentí su fuego quemar, me sentí partida en dos, incapaz de seguir, de aguantar ese dolor. Fueron apenas unos segundos que me parecieron interminables. ¡Cómo me había podido ver en tal tormenta en tan poco tiempo!

En unos pocos segundos el dolor cesó, mi cuerpo dejó de pesar y mis brazos se llenaron. De repente pude besarte, olerte, abrazarte, y en ese instante, aun siendo negra noche, brilló el sol.

Feliz primer cumpleaños mi bebé!

img-20160219-wa0000

Soy una raya en el mar

Ayer se celebró en Barcelona el concierto Volem Acollir, en protesta contra el bloqueo de fronteras de los refugiados que quieren entrar en Europa. No se me ocurre mejor momento para publicar este texto que escribí hace ya meses pero que había quedado guardado entre palabras e ideas.

Miro fijamente tu fotografía, ilustrando el titular. Yo podría ser tú. Tienes más o menos mi edad. Sentada en el suelo abrazas a tu hijo de unos tres años. Yo podría ser tú. Miras al infinito, buscando una respuesta que no llega, e intentas tapar con la manta al pequeño. Tú podrías ser yo. Sólo nos diferencia el lugar donde hemos nacido. Miro a tu hijo. Podría ser el mío, tienen más o menos la misma edad. Veo en sus ojos el mismo brillo que admiro cada día en los ojos de mi monito. Aunque es una mirada llena de interrogantes. Seguramente tendrás que explicarle esa situación. Yo también tendré que hacerlo. ¿Cómo explicarle que el país donde vive ha negado ayuda a niños como él? ¿Qué pensará cuando tenga uso de la razón suficiente como para entender la situación por la que pasáis? Cómo podré explicarle que hay personas que han muerto, están muriendo y morirán por cruzar una línea imaginaria trazada por políticos y que separa dos mundos tan distintos y a la vez con tanto en común. ¿A qué clase de juego macabro pensará que se está jugando?

Yo podría ser tú. Resuena una y otra vez mi cabeza. Cuando me meto en la cama pienso en ti. Paradójicamente me siento incómoda con todas mis comodidades sabiendo que vosotros no gozáis de ninguna de ella. Yo podría ser tú. De hecho, seguramente en algún momento del pasado yo fui como tú. Me parece mentira que un país como el que vivo sea capaz de olvidar tan rápido que muchos de nuestros abuelos y tatarabuelos fueron como tú. Un país donde la memoria histórica se ha borrado del mapa a golpe de ignorancia.

Y desde que vi tu fotografía y la de tantos otros como tú ya no soy capaz de mirar al mar, a mi querido Mediterráneo, cuna y abrazo de tantas cosas que quiero, con los mismos ojos. A mi mente vienen una y otra vez tantas imágenes horribles que se han repetido por todos los lados. Sólo puedo imaginarme teniendo que adentrarme en él con mis dos hijos, un bebé de meses y un niño de 3 años. ¿Cuánto duraríamos? Tan poco… y pienso en lo grande que debe ser el miedo que te empuja a tomar ese terrorífico camino.

Y me maldigo, por no poder hacer más, por la impotencia de ver que quién tiene poder no lo usa. Y lloro, porque viendo tu foto pienso en todos los rostro que jamás veremos. ¿Cómo nos recordará la historia? Y sólo puedo repetirme que tú podrías ser yo y yo podría ser tu.

soy una raya en el mar

fantasma en la ciudad

mi vida va prohibida

dice la autoridad

 

 

Quiero portear ¿y ahora qué?

Son muchas las familias deciden portear con el nacimiento de su hij@ y que, al hacerlo, se ven inundadas de información sobre portabebés; decenas de tipos, según edad, según porteador, según ergonomía, según el material del que están hechos, etc. En ocasiones es fácil saturarse y no saber ni por dónde empezar, así que espero arrojar un poco de luz si os encontráis en este punto.

Empezaremos por el principio, por el punto que considero más importante: la ergonomía. El portabebés escogido debe ser ergonómico, es decir, debe respetar tanto la fisionomía del bebé como la del adulto (muchas veces el gran olvidado) y adaptarse a dicha fisionomía (no al revés). Saber cuál es la posición ergonómica del bebé es tan sencillo como observarlo. Las piernas se recogen, abriendo en mayor o menor grado las rodillas, dejando el culito más bajo y creando una M, una posición de ranita. Su espalda no es recta sino que está curvada, en forma de C. Por estas razones se recomienda que el portabebés respete y se adapte a esa postura natural y no al revés.

13524362_1664260800565712_3768695451787147683_n

Cualquier portabebés ergonómico debe respetar la postura natural del bebé. Por lo tanto, de entrada, descartamos todos los portabebés que no cumplan ese primer requisito; en los que el bebé lleva las piernas colgando, en los que las lleva recogidas pero sin respetar la posición en M y los que permiten que el bebé mire hacia delante (éstos últimos no solo no respetan la posición fisiológica sino que sobre estimulan al bebé).

Una vez descartadas las no ergonómicas nos damos cuenta que dentro de lo ergonómico hay de nuevo mil opciones. Aquí será donde debemos investigar un poco más en profundidad y ver qué portabebés se adapta mejor a lo que buscamos.

Los de tejidos de fular (entre los que encontramos los fulares rígidos, los elásticos y semi elásticos, las bandoleras) son los que se adaptan mejor a la espalda del bebé, ajustándola y dándole soporte punto por punto. Es por eso que ésta es la mejor opción cuando hablamos de bebés que todavía no tienen control ni de su espalda ni de su cabeza, pues les proporciona el ajuste óptimo y se adapta a ellos, no al revés.

Las mochilas son una de las opciones que más gustan, sobre todo cuando empezamos a portear, pues nos dan sensación de rapidez y fácil ajuste. Sin embargo hay que valorar muy bien en qué momento del desarrollo de nuestro bebé nos encontramos para poder escoger la mochila correcta. En general, las mochilas tienen un panel preformado por lo que se recomiendan a partir del momento en que el bebé se sostiene solo sentado (no antes de los 6 meses). Únicamente las mochilas evolutivas (en cuyo caso el panel suele ser de tela de fular) pueden ser utilizadas antes, justamente porque permiten ese ajuste punto por punto.

Hay que recordar que un portabebés no es ergonómico por sí solo, es necesario que le demos un uso correcto, buscando la correcta posición, manera de colocarlo, etc. para que cumpla ese requisito de ergonomía. Si tenéis dudas existen muchos sitios donde dirigirnos; des de páginas web, grupos en Facebook o, por supuesto, las asesoras de porteo 😉

Espero que os sea útil, si os ha gustado no dudéis en compartir!

112

No. No es un teléfono, no es una talla, no es un número al azar. 112 son los días que hace que estás con nosotros, los días que hace que duermes a mi lado, que existes sobre mí, que iluminas nuestros días.

Si os digo 112 días podéis pensar que se trata de una fecha cualquiera, como lo serían los 100 o los 133. Pero no es así, 112 días; 16 semanas. ¿Os suena un poco más? Si, hoy se acaba mi baja de maternidad. Hoy el gobierno considera que las madres podemos dejar a nuestros hijos e hijas y volver al trabajo. Ya no hablo de autónomas, mujeres que comparten su baja con su pareja, etc. Que todavía disponen de menos días. Aprovechando todos los días legales, mañana vuelvo al trabajo ¿Os parece la carita de un bebé que ya no necesite a su madre?

IMG-20160608-WA0002

Nuestros hijos todavía se alimentan únicamente de leche, materna o de fórmula, y será así durante dos meses más mínimo. Necesitan el contacto de su madre, sus brazos, su olor, su voz. No es que les guste, es que lo necesitan. No señores, la solución no pasa por ofrecer guarderías gratuitas, la solución es pensar en los bebés y en los padres, en estudiar los beneficios que tiene poder alargar la baja de maternidad y paternidad como se hace en otros países, en ser un poco más humanos.

Así que hoy, aunque me encanta mi trabajo, lo tengo al lado, estoy fuera pocas horas y tengo toda la ayuda del mundo, estoy triste. Triste por mi pequeñin, triste por mí, triste por todas las mujeres que se tienen que alejar antes incluso de sus hijos, triste por estar tan desamparadas legalmente, por no poder gritar lo injusto que es.

Y mañana iré a trabajar con ganas, feliz, pero pensaré en ti constantemente y miraré el reloj con las ansias de quien espera una cita importante; reencontrarme con tu suave piel, con tus ojazos y abrazarte.

Oro líquido

La lactancia materna es el mejor alimento que podemos dar a nuestros bebés. No sólo les proporciona alimento, sino que el dar el pecho ayuda a su desarrollo neurológico, fomenta el apego, el contacto físico, etc. Desgraciadamente, en muchos países la Lactancia Materna, no es sólo lo mejor, sino que es VITAL pues puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un niño.

Los bebés son un colectivo de riesgo ante las hambrunas y catástrofes que azotan muchos países. En muchas ocasiones se considera que la madre en estas situaciones es incapaz de amamantar, fomentando así la donación de leche de fórmula, sin tener en cuenta el peligro que conlleva; en la gran mayoría de casos no se dispone de agua y en los casos en que si se dispone de ella no se puede garantizar su salubridad, por lo que en muchas ocasiones los pequeños tiene problemas digestivos que pueden acabar en la peor de las consecuencias. Por no hablar que la lactancia artificial tiene un coste económico.

Es por eso que es vital fomentar la lactancia materna en estos casos pues alimentar a un bebé con leche materna le asegura todos los nutrientes hasta los 6 meses, evitando la malnutrición y la mortalidad en lactantes y niños pequeños. Hasta los 6 meses de edad será su único alimento y posteriormente, hasta los dos años, se le ofrecerá de manera frecuente intentando complementarla, siempre siendo la leche el alimento básico. De esta forma tan sencilla se pueden salvar miles de vidas de pequeños y pequeñas que no tienen la suerte de poder disponer de las alternativas que tenemos nosotros.

sahel_ok

Es en este contexto que Madresfera, junto con Acción contra el Hambre (https://www.accioncontraelhambre.org/es/comienza-la-estacion-del-hambre-en-sahel), ha creado una iniciativa para promover la lactancia materna en los países del Sahel, donde se destinará todo el dinero recaudado ayudar a salvar vidas de bebés y niños a partir de la forma más natural, la lactancia materna. Se pueden hacer donativos a partir de 4€, y la difusión también será clave para conseguirlo.

En este enlace encontrareis toda la información:

https://retos.accioncontraelhambre.org/fundraisers/lactancia-enaccion-ayudemos-entre-tod-s

¿Nos ayudas a difundir?

Semana Mundial del Parto Respetado

El parto es uno de los momentos más trascendentales que vivimos. Con nuestro primer hijo implica el inicio de nuestra condición de madres (aunque soy de las que considera que esto ya empieza con el embarazo). Yo empecé ese camino hace ya casi 3 años y en todo este tiempo he conocido a muchas madres que me han hecho ver como evidente algo en lo que yo ya creía; que hay mil formas diferentes de ser madre.

Hay madres con un hijo, madres embarazadas, madres de muchos hijos, madres de bebés que llegaron y se fueron demasiado rápido, madres de bebés que nunca llegaron, madres de bebés que se hicieron de rogar y un largo etcétera tan amplio como madres conozco. Y cada una de ellas ha tenido una experiencia totalmente diferente en cada parto. Escucho sus historias, preciosas la mayoría, tristes algunas y pienso en el maravilloso poder que tenemos las mujeres.

Es un poder tan grande que ni nosotras mismas sabemos que tenemos y empiezo a pensar que a mucha gente le interesa que no lo sepamos. Nos cuesta confiar en nosotras, en nuestro cuerpo, en nuestra capacidad. El mundo del bebé se nutre de esa falta de confianza; ya des del embarazo se nos trata como a enfermas (ojo, no critico los protocolos médicos ni mucho menos, pero en mi vida me he tomado tantas pastillas ni hecho tantas visitas a médicos) y si preguntas demasiado el porqué de una prueba normalmente eres rara o histérica. Al parto se suele llegar con cierto miedo porque no acostumbramos a tener una buena red de apoyo profesional que nos ayude a empoderarnos. Y una vez ha nacido el bebé todo se cuestiona, hagas lo que hagas (este tema da como para 5 posts). Con el tiempo aprendes a no darle importancia, pero depende de cómo sea tu carácter puedes caer muy bajo hasta conseguir levantarte.

P1250260

En fin, este post era para hablar del parto respetado, no me quiero alargar. Un parto respetado es eso, un parto en el que la mujer es quien dicta como quiere que transcurra un momento crucial en su vida. Un parto respetado es aquel en el que se informa a la madre de los pros y los contras de sus decisiones sin presionarla a una u otra opción. Un parto respetado es aquel en el que la mujer se empodera, no aquel en la que se le hace creer que no tiene un papel activo.

Escribiendo pienso en una personita muy especial para mí que pronto será mami (espero que me leas primita) y, como si me dirigiera a ella os diré: no tengáis miedo a preguntar, no tengáis miedo a seguir vuestros instintos, no tengáis miedo a decirle a un profesional si está siendo desagradable con vosotras (recordad que son humanos y pueden tener malos días, pero no por eso tenéis que tragar vosotras), informaros, leed, dejaros aconsejar y sea cual sea vuestra idea para el parto defendedla.

Porque en el fondo, lo que me parece triste, muy triste, es que se tenga que celebrar una semana por el parto respetado, señal que queda muuucho trabajo por hacer.

Un saludo!

Des de que llegaste

Dos meses ya con nosotros. Des de que llegaste somos, si cabe, más felices todavía; eres luz, tranquilidad, risa, ternura.

Des de que llegaste soy más valiente por todo a lo que me he enfrentado pero soy más cobarde pensando en lo que puede venir. Des de que llegaste duermo por fin tranquila a tu lado pero duermo menos horas que nunca. Des de que llegaste he descubierto qué es estar cansada de verdad pero vamos más al parque más que nunca con tu hermanito. Des de que llegaste has llenado la casa a pesar de lo chiquitín que eres. Des de que llegaste he visto crecer demasiado deprisa a tu hermano y a veces se me olvida lo pequeño que es todavía.

P1080674

Des de que llegaste he entendido lo lento que pasan las horas y los días y cómo vuelan las semanas. Des de que llegaste he podido comprobar que el segundo hijo crece a un ritmo que nunca pensaste con el primero. Des de que llegaste he descubierto que no tengo 4 brazos, ¡sino 8! Des de que llegaste he podido comer pocos platos calientes. Des de que llegaste tu hermano me necesita más que nunca. Des de que llegaste tengo ganas de hacer mil cosas que no puedo hacer. Des de que llegaste río y lloro a partes iguales. Des de que llegaste entendimos eso de donde caben 3 caben 4. Des de que llegaste tengo el doble de preocupaciones y el doble de alegrías. Des de que llegaste no puedo dejar de mirarte y mirar a tu hermano con asombro, os parecéis tanto… Des de que llegaste ya no me preocupa nada cómo esté la casa, tu hermano se encarga de la decoración y con eso me basta J. Des de que llegaste he visto quién está realmente a mi lado y quién no. Des de que llegaste tengo menos miedo. Des de que llegaste somos inseparables. Des de que llegaste he entendido que las fuerzas se sacan de donde no las hay.

Des de que llegaste soy más mamá. Gracias por haber venido, te quiero.

Las segundas partes

Tras casi dos meses de vorágine de trabajo, fiestas y la mente muy espesa, os dejo un nuevo post.

Nadie dijo que fuera sencillo, pero tampoco nadie me dijo que sería tan difícil… ¿No se suponía que yo ya era una “experta” en todo esto? Y es que el segundo embarazo no me parece para nada más sencillo que el primero.

Ahora que me encuentro en la recta final del mismo puedo decir, aunque todavía con poca perspectiva, que es muy duro. Para empezar, el primer trimestre fue mucho más duro que con mi primer embarazo. Sé que eso no se puede remediar, pero encontrarte mal y tener que atender a un monito de 2 años no es nada fácil. Y aquello era sólo la punta del iceberg, pues con este embarazo ¡mis miedos parecen haberse multiplicado!

00060

El miedo, que nos paraliza, que nos hace ser irracionales y nos nubla la mente se ha apoderado de mí en los últimos meses. Y quiero pensar que esto es algo por las que pasan todas las mamás que ya tienen un/a hijo/a (por eso del mal de muchos…). Es un miedo totalmente diferente que en el primer embarazo; entonces mi miedo se centraba en mí (el parto, el post parto, la lactancia, si sabría cuidar bien al pequeño, etc). Ahora es un miedo centrado en mi monito.

Son largas noches de insomnio en las que me pregunto cómo podré organizarme con los dos peques. Me preocupa que mi monito se sienta desplazado con la llegada del pequeño. Me da realmente miedo no saber atenderlo como se merece al tener que estar pendiente del bebé. Sé lo que implica tener un bebé y estoy viviendo lo que significa tener un monito de 2 años y medio que quiere total libertad pero todavía te necesita constantemente y, la verdad, no sé cómo encajarlo. Pienso en que todas las madres lo hacen y las veo como supermamás, pues yo me siento incapaz.

Pero luego, una reflexión más profunda me lleva a intentar entender qué me da miedo de verdad, no puede ser que me preocupe tanto la logística doméstica… Y me doy cuenta de que es a OLVIDAR.

La llegada del bebé va a llenar la casa de nuevos y maravillosos momentos, y me da miedo no ser capaz de recordar cada instante con mi monito como lo hago ahora; el verlo nacer, la primera vez que vi sus ojos, que lo tuve encima, etc. Tengo miedo de lo rápido que está pasando todo, de ver que la llegada de un bebé a casa hace que mi monito deje de serlo de golpe, de que en unos meses empezará el colegio, de que es un niño maravilloso, un NIÑO, y no me daré cuenta y el bebé también lo será. Todo esto me lleva irremediablemente a plantearme si no sigue quedando algo en el tintero, y pienso que es el pavor a ser consciente del paso del tiempo; ese Cronos insaciable que todo engulle, lo disfrutemos al máximo o no, implacable. Ese tiempo que hace que el segundo embarazo haya pasado ante mis ojos sin ser casi consciente, ese tiempo que hace que me quede perpleja cuando mi monito dice frases casi de adulto, ese tiempo que nos arrastra a todos.

Y ante todo esta locura de pensamientos, hormonas, insomnio, etc. sólo se me ocurre decirme a mí misma que hay que seguir disfrutando cada día como hasta ahora; de los días lentos, de los meses rápidos, de los años que vuelan. De las risas, los llantos, los buenos y malos momentos, del temor, de la valentía, de la nueva vida, de los nuevos proyectos, de los que ya hemos realizado. Y sobre todo pensar que con amor, se hacen los malabares más increíbles, y de eso es de lo único que estoy segura que no nos va a faltar 🙂

¿Qué pensáis vosotr@s?

Mama, t’estimo molt

Y tras susurrarme estas tres palabras mientras me abrazabas por el cuello te has quedado dormido. Tras casi una hora de estar tumbados en la cama, contando cuentos, cansada, que si ahora agua, que si ahora enciende la luz, notando que estabas cansado, que querías dormirte y no podías, haciéndote reír sólo por oír tu risa, haciéndome la dormida a ver si así también te dormías…

Dream

Tras unas semanas de locos, en la que he tenido la sensación de pasar demasiado poco tiempo contigo, mucho menos del que te mereces, en la que han pasado muchas cosas, en la que ha habido mucho estrés y tu pareces haber sido el másfuerte de todos nosotros.

Tras un día agotador de juegos, sin siestas para nadie, de emociones, de olor de navidad, de ir de un lado para otro, de la locura que parece acompañar este mes.

Tras tantas cosas que te deben pasar por la cabecita y que a mí se me escapan, tantas cosas que debes aprender y descubrir en un solo día, tantas emociones por digerir y aprender a gestionar.

Tras todas las dudas que me acompañan cada noche sobre si podría haber hecho cosas de diferente modo, mejor, sobre el trabajo, sobre la vida.

Tras todo esto y mucho más, sólo tú sabes hacer que se me salten las lágrimas con las palabras más bonitas que jamás he oído. “Mama, t’estimo molt”. Así que hoy te mereces directamente este post, corto, incapaz de describir ni lo más mínimo lo feliz que me haces cada día y la emoción que he sentido. Estas palabras han sido como un bálsamo que todo lo cura y que te hacen recordar que lo más bonito, especial e importante de este mundo está justo dormido a mi lado.

Per que jo també t’estimo molt, moltíssim, bona nit petitó meu…

Asombrosamente asombroso

¿En qué momento los adultos damos el mundo por sentado? ¿A partir de cuándo todo nos parece cotidiano, regular, plano? ¿Por qué perdemos la curiosidad por las pequeñas cosas?

Son muchas las preguntas que me ha hecho plantearme mi monito. Con 29 meses estamos inmersos de lleno en esa maravillosa y dura etapa de los dos añitos. Día a día veo como se reafirma, como lucha por su criterio y sobretodo cómo intenta entender el mundo que le rodea.

La maternidad me está enseñando que la mayoría de adultos corremos por el mundo, que ya tenemos muy visto. Pocas cosas nos sorprenden, nuestro día a día está lleno de rutinas, y no vemos más allá en prácticamente nada. Una de las cosas que nos hacen recuperar los niños es la capacidad de asombrarnos. Primero empezamos asombrándonos por sus logros, su evolución y, poco a poco, a compartir su asombro por todo; si llueve, si hay nubes, si no las hay, si una piedra está caliente por el sol, si el agua de la fuente está fría, si un coche hace ruido, si nos descubrimos el ombligo, etc. Todo puede ser tan sorprendente, tan mágico. Y particularmente mi monito me lo enseña con mucha paciencia, pues a veces me cuesta ver qué tiene de asombroso encontrar una piedrecita en el suelo o mirar por la ventana durante media hora.

Ir de paseo con él es perderse en un mundo donde el tiempo se detiene, donde se multiplican las posibilidades y donde todo es un descubrimiento. A veces cuesta seguir su ritmo, pues cada dos metros hay alguna maravilla que nos hace pararnos, agacharnos y mirar con sorpresa; un pétalo de flor en el suelo, una bolsa de plástico, un palo (por no hablar de las miles de hojas secas y castañas que nos hemos llevado a casa este otoño). Y muchas veces no soy consciente de todo lo que le asombra, de lo maravilloso que es el mundo para él y de que voy demasiado deprisa como para darle tiempo a observarlo. Por suerte, es tan expresivo que normalmente cualquier descubrimiento va acompañado de un “aaaalaaa”, que me hace ser más consciente de que en ese momento está viendo alguna maravilla.

DSC_0068_1Me gusta que sea curioso, me encanta que quiera descubrir, tocar, probar, oler, en definitiva que quiera entender cómo es todo lo que le rodea. Hace poco, por la calle, iba pasando su manita por las paredes de las casas. Justo cuando le iba a decir que no lo hiciera pensé ¿por qué? Si aún soy capaz de recordar lo que se sentía al hacerlo, lo que me gustaba, la sensación de tener la mano dormida cuando ya llevas un rato, el explorar las diferentes texturas que nos rodean. Y empecé a recordar todas esas cosas que hacía de pequeña y que me maravillaban: intentar no pisar el asfalto en los pasos de cebra, caminar por el borde de las aceras, contar el color de los coches, buscar objetos perdidos en el suelo, hacer tierra fina en los toboganes, columpiarme todo lo alto que mi valentía me dejaba, la alegría de encontrarse un conocido por la calle, el olor de ciertas tiendas por las que pasaba de camino a casa, la gran sensación de aventura que sentía el día que cambiábamos de ruta para volver del colegio, correr bajo la lluvia, pisar los charcos con botas de agua y sentirse invencible…

Todos esos recuerdos requerían de paciencia por parte de quien me acompañaba, paciencia que veo que cada vez estamos perdiendo más en este mundo de locos. Así que, aunque sea obligados por nuestros pequeños, os animo a seguir aprendiendo y disfrutando de todas esas pequeñas cosas que nos rodean, a no dejar de asombraros y maravillaros cada día.

(En relación a este tema, os recomiendo el libro de Catherine L’Ecuyer, Educar en el asombro. Tuve la suerte de asistir a una charla con la autora y fue muy interesante).

Espero que os haya gustado ¡un abrazo a tod@s!