Sueño de una noche de invierno

Era una tranquila tarde de invierno. Paseaba por el bosque disfrutando de sus colores, sus olores y sus sonidos, sabiendo que tardaría un tiempo en volverlos a sentir. No tenía prisa por llegar a mi destino, aunque sí muchas ganas.

De repente noté gotas sobre mi cabeza. Alcé la vista y vi que el cielo empezaba a nublarse, así que, a mi pesar, dejé atrás la calidez del bosque y anduve campo a través. La llovizna no cesó; me acariciaba y me tranquilizaba en un trance inexplicable. Mi cuerpo pesaba, estaba cansada y sin embargo más llena de entusiasmo y vida que nunca. Sin darme cuenta, unos nubarrones negros se acercaban amenazantes, pero yo seguía tranquila paseando y saboreando las últimas horas de aquel atardecer que ya se tornaba en noche.

Inesperadamente un trueno me sorprendió y me hizo mirar a mí alrededor. ¡Estaba atrapada en una tormenta que no había visto llegar! Dos truenos aún más fuertes resonaron a mi alrededor y me quedé paralizada, incapaz de moverme. Tenía miedo. De pronto la lluvia cayó con fuerza, empapando mi cabello, mi cara, mi cuerpo, hundiendo mis pies en el barro y haciéndome caer. Y justo en ese preciso instante me alcanzó un rayo. Sentí su fuego quemar, me sentí partida en dos, incapaz de seguir, de aguantar ese dolor. Fueron apenas unos segundos que me parecieron interminables. ¡Cómo me había podido ver en tal tormenta en tan poco tiempo!

En unos pocos segundos el dolor cesó, mi cuerpo dejó de pesar y mis brazos se llenaron. De repente pude besarte, olerte, abrazarte, y en ese instante, aun siendo negra noche, brilló el sol.

Feliz primer cumpleaños mi bebé!

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Soy una raya en el mar

Ayer se celebró en Barcelona el concierto Volem Acollir, en protesta contra el bloqueo de fronteras de los refugiados que quieren entrar en Europa. No se me ocurre mejor momento para publicar este texto que escribí hace ya meses pero que había quedado guardado entre palabras e ideas.

Miro fijamente tu fotografía, ilustrando el titular. Yo podría ser tú. Tienes más o menos mi edad. Sentada en el suelo abrazas a tu hijo de unos tres años. Yo podría ser tú. Miras al infinito, buscando una respuesta que no llega, e intentas tapar con la manta al pequeño. Tú podrías ser yo. Sólo nos diferencia el lugar donde hemos nacido. Miro a tu hijo. Podría ser el mío, tienen más o menos la misma edad. Veo en sus ojos el mismo brillo que admiro cada día en los ojos de mi monito. Aunque es una mirada llena de interrogantes. Seguramente tendrás que explicarle esa situación. Yo también tendré que hacerlo. ¿Cómo explicarle que el país donde vive ha negado ayuda a niños como él? ¿Qué pensará cuando tenga uso de la razón suficiente como para entender la situación por la que pasáis? Cómo podré explicarle que hay personas que han muerto, están muriendo y morirán por cruzar una línea imaginaria trazada por políticos y que separa dos mundos tan distintos y a la vez con tanto en común. ¿A qué clase de juego macabro pensará que se está jugando?

Yo podría ser tú. Resuena una y otra vez mi cabeza. Cuando me meto en la cama pienso en ti. Paradójicamente me siento incómoda con todas mis comodidades sabiendo que vosotros no gozáis de ninguna de ella. Yo podría ser tú. De hecho, seguramente en algún momento del pasado yo fui como tú. Me parece mentira que un país como el que vivo sea capaz de olvidar tan rápido que muchos de nuestros abuelos y tatarabuelos fueron como tú. Un país donde la memoria histórica se ha borrado del mapa a golpe de ignorancia.

Y desde que vi tu fotografía y la de tantos otros como tú ya no soy capaz de mirar al mar, a mi querido Mediterráneo, cuna y abrazo de tantas cosas que quiero, con los mismos ojos. A mi mente vienen una y otra vez tantas imágenes horribles que se han repetido por todos los lados. Sólo puedo imaginarme teniendo que adentrarme en él con mis dos hijos, un bebé de meses y un niño de 3 años. ¿Cuánto duraríamos? Tan poco… y pienso en lo grande que debe ser el miedo que te empuja a tomar ese terrorífico camino.

Y me maldigo, por no poder hacer más, por la impotencia de ver que quién tiene poder no lo usa. Y lloro, porque viendo tu foto pienso en todos los rostro que jamás veremos. ¿Cómo nos recordará la historia? Y sólo puedo repetirme que tú podrías ser yo y yo podría ser tu.

soy una raya en el mar

fantasma en la ciudad

mi vida va prohibida

dice la autoridad

 

 

Quiero portear ¿y ahora qué?

Son muchas las familias deciden portear con el nacimiento de su hij@ y que, al hacerlo, se ven inundadas de información sobre portabebés; decenas de tipos, según edad, según porteador, según ergonomía, según el material del que están hechos, etc. En ocasiones es fácil saturarse y no saber ni por dónde empezar, así que espero arrojar un poco de luz si os encontráis en este punto.

Empezaremos por el principio, por el punto que considero más importante: la ergonomía. El portabebés escogido debe ser ergonómico, es decir, debe respetar tanto la fisionomía del bebé como la del adulto (muchas veces el gran olvidado) y adaptarse a dicha fisionomía (no al revés). Saber cuál es la posición ergonómica del bebé es tan sencillo como observarlo. Las piernas se recogen, abriendo en mayor o menor grado las rodillas, dejando el culito más bajo y creando una M, una posición de ranita. Su espalda no es recta sino que está curvada, en forma de C. Por estas razones se recomienda que el portabebés respete y se adapte a esa postura natural y no al revés.

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Cualquier portabebés ergonómico debe respetar la postura natural del bebé. Por lo tanto, de entrada, descartamos todos los portabebés que no cumplan ese primer requisito; en los que el bebé lleva las piernas colgando, en los que las lleva recogidas pero sin respetar la posición en M y los que permiten que el bebé mire hacia delante (éstos últimos no solo no respetan la posición fisiológica sino que sobre estimulan al bebé).

Una vez descartadas las no ergonómicas nos damos cuenta que dentro de lo ergonómico hay de nuevo mil opciones. Aquí será donde debemos investigar un poco más en profundidad y ver qué portabebés se adapta mejor a lo que buscamos.

Los de tejidos de fular (entre los que encontramos los fulares rígidos, los elásticos y semi elásticos, las bandoleras) son los que se adaptan mejor a la espalda del bebé, ajustándola y dándole soporte punto por punto. Es por eso que ésta es la mejor opción cuando hablamos de bebés que todavía no tienen control ni de su espalda ni de su cabeza, pues les proporciona el ajuste óptimo y se adapta a ellos, no al revés.

Las mochilas son una de las opciones que más gustan, sobre todo cuando empezamos a portear, pues nos dan sensación de rapidez y fácil ajuste. Sin embargo hay que valorar muy bien en qué momento del desarrollo de nuestro bebé nos encontramos para poder escoger la mochila correcta. En general, las mochilas tienen un panel preformado por lo que se recomiendan a partir del momento en que el bebé se sostiene solo sentado (no antes de los 6 meses). Únicamente las mochilas evolutivas (en cuyo caso el panel suele ser de tela de fular) pueden ser utilizadas antes, justamente porque permiten ese ajuste punto por punto.

Hay que recordar que un portabebés no es ergonómico por sí solo, es necesario que le demos un uso correcto, buscando la correcta posición, manera de colocarlo, etc. para que cumpla ese requisito de ergonomía. Si tenéis dudas existen muchos sitios donde dirigirnos; des de páginas web, grupos en Facebook o, por supuesto, las asesoras de porteo 😉

Espero que os sea útil, si os ha gustado no dudéis en compartir!

112

No. No es un teléfono, no es una talla, no es un número al azar. 112 son los días que hace que estás con nosotros, los días que hace que duermes a mi lado, que existes sobre mí, que iluminas nuestros días.

Si os digo 112 días podéis pensar que se trata de una fecha cualquiera, como lo serían los 100 o los 133. Pero no es así, 112 días; 16 semanas. ¿Os suena un poco más? Si, hoy se acaba mi baja de maternidad. Hoy el gobierno considera que las madres podemos dejar a nuestros hijos e hijas y volver al trabajo. Ya no hablo de autónomas, mujeres que comparten su baja con su pareja, etc. Que todavía disponen de menos días. Aprovechando todos los días legales, mañana vuelvo al trabajo ¿Os parece la carita de un bebé que ya no necesite a su madre?

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Nuestros hijos todavía se alimentan únicamente de leche, materna o de fórmula, y será así durante dos meses más mínimo. Necesitan el contacto de su madre, sus brazos, su olor, su voz. No es que les guste, es que lo necesitan. No señores, la solución no pasa por ofrecer guarderías gratuitas, la solución es pensar en los bebés y en los padres, en estudiar los beneficios que tiene poder alargar la baja de maternidad y paternidad como se hace en otros países, en ser un poco más humanos.

Así que hoy, aunque me encanta mi trabajo, lo tengo al lado, estoy fuera pocas horas y tengo toda la ayuda del mundo, estoy triste. Triste por mi pequeñin, triste por mí, triste por todas las mujeres que se tienen que alejar antes incluso de sus hijos, triste por estar tan desamparadas legalmente, por no poder gritar lo injusto que es.

Y mañana iré a trabajar con ganas, feliz, pero pensaré en ti constantemente y miraré el reloj con las ansias de quien espera una cita importante; reencontrarme con tu suave piel, con tus ojazos y abrazarte.

Oro líquido

La lactancia materna es el mejor alimento que podemos dar a nuestros bebés. No sólo les proporciona alimento, sino que el dar el pecho ayuda a su desarrollo neurológico, fomenta el apego, el contacto físico, etc. Desgraciadamente, en muchos países la Lactancia Materna, no es sólo lo mejor, sino que es VITAL pues puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un niño.

Los bebés son un colectivo de riesgo ante las hambrunas y catástrofes que azotan muchos países. En muchas ocasiones se considera que la madre en estas situaciones es incapaz de amamantar, fomentando así la donación de leche de fórmula, sin tener en cuenta el peligro que conlleva; en la gran mayoría de casos no se dispone de agua y en los casos en que si se dispone de ella no se puede garantizar su salubridad, por lo que en muchas ocasiones los pequeños tiene problemas digestivos que pueden acabar en la peor de las consecuencias. Por no hablar que la lactancia artificial tiene un coste económico.

Es por eso que es vital fomentar la lactancia materna en estos casos pues alimentar a un bebé con leche materna le asegura todos los nutrientes hasta los 6 meses, evitando la malnutrición y la mortalidad en lactantes y niños pequeños. Hasta los 6 meses de edad será su único alimento y posteriormente, hasta los dos años, se le ofrecerá de manera frecuente intentando complementarla, siempre siendo la leche el alimento básico. De esta forma tan sencilla se pueden salvar miles de vidas de pequeños y pequeñas que no tienen la suerte de poder disponer de las alternativas que tenemos nosotros.

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Es en este contexto que Madresfera, junto con Acción contra el Hambre (https://www.accioncontraelhambre.org/es/comienza-la-estacion-del-hambre-en-sahel), ha creado una iniciativa para promover la lactancia materna en los países del Sahel, donde se destinará todo el dinero recaudado ayudar a salvar vidas de bebés y niños a partir de la forma más natural, la lactancia materna. Se pueden hacer donativos a partir de 4€, y la difusión también será clave para conseguirlo.

En este enlace encontrareis toda la información:

https://retos.accioncontraelhambre.org/fundraisers/lactancia-enaccion-ayudemos-entre-tod-s

¿Nos ayudas a difundir?

Semana Mundial del Parto Respetado

El parto es uno de los momentos más trascendentales que vivimos. Con nuestro primer hijo implica el inicio de nuestra condición de madres (aunque soy de las que considera que esto ya empieza con el embarazo). Yo empecé ese camino hace ya casi 3 años y en todo este tiempo he conocido a muchas madres que me han hecho ver como evidente algo en lo que yo ya creía; que hay mil formas diferentes de ser madre.

Hay madres con un hijo, madres embarazadas, madres de muchos hijos, madres de bebés que llegaron y se fueron demasiado rápido, madres de bebés que nunca llegaron, madres de bebés que se hicieron de rogar y un largo etcétera tan amplio como madres conozco. Y cada una de ellas ha tenido una experiencia totalmente diferente en cada parto. Escucho sus historias, preciosas la mayoría, tristes algunas y pienso en el maravilloso poder que tenemos las mujeres.

Es un poder tan grande que ni nosotras mismas sabemos que tenemos y empiezo a pensar que a mucha gente le interesa que no lo sepamos. Nos cuesta confiar en nosotras, en nuestro cuerpo, en nuestra capacidad. El mundo del bebé se nutre de esa falta de confianza; ya des del embarazo se nos trata como a enfermas (ojo, no critico los protocolos médicos ni mucho menos, pero en mi vida me he tomado tantas pastillas ni hecho tantas visitas a médicos) y si preguntas demasiado el porqué de una prueba normalmente eres rara o histérica. Al parto se suele llegar con cierto miedo porque no acostumbramos a tener una buena red de apoyo profesional que nos ayude a empoderarnos. Y una vez ha nacido el bebé todo se cuestiona, hagas lo que hagas (este tema da como para 5 posts). Con el tiempo aprendes a no darle importancia, pero depende de cómo sea tu carácter puedes caer muy bajo hasta conseguir levantarte.

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En fin, este post era para hablar del parto respetado, no me quiero alargar. Un parto respetado es eso, un parto en el que la mujer es quien dicta como quiere que transcurra un momento crucial en su vida. Un parto respetado es aquel en el que se informa a la madre de los pros y los contras de sus decisiones sin presionarla a una u otra opción. Un parto respetado es aquel en el que la mujer se empodera, no aquel en la que se le hace creer que no tiene un papel activo.

Escribiendo pienso en una personita muy especial para mí que pronto será mami (espero que me leas primita) y, como si me dirigiera a ella os diré: no tengáis miedo a preguntar, no tengáis miedo a seguir vuestros instintos, no tengáis miedo a decirle a un profesional si está siendo desagradable con vosotras (recordad que son humanos y pueden tener malos días, pero no por eso tenéis que tragar vosotras), informaros, leed, dejaros aconsejar y sea cual sea vuestra idea para el parto defendedla.

Porque en el fondo, lo que me parece triste, muy triste, es que se tenga que celebrar una semana por el parto respetado, señal que queda muuucho trabajo por hacer.

Un saludo!

Des de que llegaste

Dos meses ya con nosotros. Des de que llegaste somos, si cabe, más felices todavía; eres luz, tranquilidad, risa, ternura.

Des de que llegaste soy más valiente por todo a lo que me he enfrentado pero soy más cobarde pensando en lo que puede venir. Des de que llegaste duermo por fin tranquila a tu lado pero duermo menos horas que nunca. Des de que llegaste he descubierto qué es estar cansada de verdad pero vamos más al parque más que nunca con tu hermanito. Des de que llegaste has llenado la casa a pesar de lo chiquitín que eres. Des de que llegaste he visto crecer demasiado deprisa a tu hermano y a veces se me olvida lo pequeño que es todavía.

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Des de que llegaste he entendido lo lento que pasan las horas y los días y cómo vuelan las semanas. Des de que llegaste he podido comprobar que el segundo hijo crece a un ritmo que nunca pensaste con el primero. Des de que llegaste he descubierto que no tengo 4 brazos, ¡sino 8! Des de que llegaste he podido comer pocos platos calientes. Des de que llegaste tu hermano me necesita más que nunca. Des de que llegaste tengo ganas de hacer mil cosas que no puedo hacer. Des de que llegaste río y lloro a partes iguales. Des de que llegaste entendimos eso de donde caben 3 caben 4. Des de que llegaste tengo el doble de preocupaciones y el doble de alegrías. Des de que llegaste no puedo dejar de mirarte y mirar a tu hermano con asombro, os parecéis tanto… Des de que llegaste ya no me preocupa nada cómo esté la casa, tu hermano se encarga de la decoración y con eso me basta J. Des de que llegaste he visto quién está realmente a mi lado y quién no. Des de que llegaste tengo menos miedo. Des de que llegaste somos inseparables. Des de que llegaste he entendido que las fuerzas se sacan de donde no las hay.

Des de que llegaste soy más mamá. Gracias por haber venido, te quiero.